Tu caso puede ser como éste

SOY DIRECTORA COMERCIAL DE UN HOTEL...

Acudimos a una feria en la que no solemos entregar más allá de
600 folletos.

La imprenta convencional nos pide un
mínimo de 5.000 unidades.

El coste unitario es de 0,12 euros por folleto, mientras que en digital, el coste por unidad es de 0,30 euros por folleto (sin pedido mínimo).

La cosa parece estar clara. Voy a pagar a la imprenta convencional
600 euros por 5.000 folletos frente a los 180 euros que me pide la imprenta digital por 600 folletos, o sea que a cambio tengo 5.400 folletos más.

Finalmente he usado los
600 folletos habituales. Los demás no me sirven porque en la siguiente feria debo incluir una nueva promoción, así de exigente es este mercado.

En total
cada folleto distribuido me ha costado 1 euro (600 euros del pedido total dividido entre los 600 folletos utilizados. El resto, a la basura).

Lamento habitual 1: He tirado 420 euros a la papelera. Debí haberlo hecho en digital.

Lamento habitual 2: En la misma feria, mi competencia ha mejorado mi oferta. Me quedan aún 5.400 folletos en la oficina.

Lamento habitual 3: Mi competencia ha entregado folletos personalizados a cada cliente, recogiendo sus datos personales y una oferta personalizada según la información que ellos mismos incluyeron en el cuestionario web que en su día realizaron.

(Me quedan 5.400 folletos en la oficina.
¿Dónde puedo tirar estos 600 sin que nadie me vea?)


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